Empresaurios

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Tal vez nos estemos acostumbrando demasiado. O a lo mejor no situamos las cosas en su correcta prespectiva, ocupados como estamos en conseguir que determinados políticos se dediquen al bien público más que al particular. Pero el caso es que cada vez más a menudo nos van llegando informaciones acerca de qué tipo de poder económico tenemos en este país. Esta semana la cadena SER destapaba que el vicepresidente de la CEOE y presidente de los empresarios madrileños paga en negro parte de los sueldos de sus trabajadores. Hace un tiempo, el anterior presidente de la asociación de empresarios, Díaz-Ferrán,  decidía crear todo un entramado para eludir sus responsabilidades con la Seguridad Social, Hacienda y los trabajadores que ha dado con sus huesos en la cárcel. El hijo del primer presidente de la CEOE, también está imputado en otro caso parecido y el actual presidente, al parecer, es un delincuente convicto que, sin embargo, ha visto cómo sus delitos prescribían.

Esta misma gente es la que se ha ido sentando periódicamente con los representantes de los trabajadores para pactar las sucesivas reformas laborales que han ido mermando los derechos de todos aquellos que trabajamos por cuenta ajena. Los mismos que decidían someter a sus empleados a un chantaje en forma de sobre que les garantizaban una paz social con prácticas mafiosas. Los mismos que indican que hay subir la edad de jubilación, ya que ellos han decidido no aportar su parte a la Seguridad Social, que es la garantía de nuestras pensiones, y los que pretenden que esas aportaciones corran de la cuenta de los trabajadores. Los mismos que hablan de competitividad, de flexibilidad laboral y de reformas estructurales.

Ya no se trata de que sean unos ladrones, que lo son, ni unos defraudadores, que también. Tampoco de que son unos hipócritas, y que carecen de cualquier tipo de autoridad moral para dar lecciones de nada, o siquiera hacer una propuesta de caracter económico. Se trata de que cada vez que no cumplen sus obligaciones, escatiman una parte de la pensión a cada uno de los jubilados, presentes y futuros. Que cada vez que no pagan sus impuestos, recortan las partidas destinadas a la sanidad pública, la educación o la dependencia. Se trata de que con ese dinero que roban a lo que es de todo, compran concesiones a las administraciones afines, garantizándose el sustento de su negocio, más allá del interés común.

Esta semana, Esperanza Aguirre, regeneradora de la democracia mundial, hacia una cierta defensa de Arturo Fernández, diciendo que mantenía a 2000 familias. No voy a entrar en el hecho de que esas 2000 familias mantienen al dueño del grupo Arturo. Pero sí quiero recordar otras palabras que decía la ex presidenta, durante una huelga general, acerca de que los empresarios eran personas que ponían todo su tiempo, dinero y talento. El tiempo y el talento, los ponemos todos, los trabajadores en primer lugar. El dinero, a lo que parece, sólo algunos. Por eso, tal vez la imagen del empresario no se corresponda tanto con la un emprendedor valiente y luchador  como con un terápodo depredador.

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