Memoria y transición

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En Noviembre de 1975 moría Franco, y se iniciaba un proceso que llevaría a la reinstauración de la democracia en España, después de estar en suspenso durante más de 40 años. Este proceso, la transición, ha sido idealizado durante décadas y puesto como ejemplo frente a otros procesos más o menos semejantes que se han producido con posterioridad en otras partes del mundo. Supongo que en su momento los actores del proceso hicieron lo que pudieron, pero lo cierto es que a toda una generación que nacimos en los últimos años del franquismo hay cosas que nos llaman mucho la atención. Sin ser un experto, lo primero que me choca es que no se rinden cuentas a los causantes de una Guerra Civil y a toda y espeluznante represión posterior. La historia oficial apela a la necesidad de curar las heridas, pero da más la sensación de que esas heridas se taparon en su día y que, hoy por hoy, comienzan a oler.

Además, explican algunas cosas. La falta de una memoria sobre lo ocurrido durante la Guerra Civil y el franquismo nos ha llevado a que el actual sistema democrático esté poblado de personas cuyas afiliaciones democráticas son, cuanto menos, dudosas. Esto podría usarse como explicación de las frecuentes y cada vez más evidentes faltas de respeto que el gobierno actual tiene hacia los ciudadanos. Es cierto que no es algo nuevo, sólo hay que recordar la gestión que se hizo de los atentados del 11M, o de los ‘hilillos de plastilina’ del actual presidente, pero eso no le resta gravedad.

En este sentido, resulta sorprendente que José María Aznar pudiese llegar a la presidencia del gobierno, y que se erija como salvaguarda de la democracia cada vez que le parece oportuno, teniendo en cuenta que su abuelo, Manuel Aznar Zubigaray, pasó de las filas del PNV a la Falange cuando se produjo la sublevación franquista. O que el padre del ex-presidente fue oficial del ejército sublevado y encargado de las labores de propaganda y comunicación por la Falange. Por hacer un símil rápido, es como si en Alemania, gobernase el hijo de un jefe de las SS.

Pero no se trata de un caso aislado. Pablo González, el padre del actual presidente de la Comunidad de Madrid, recientemente fallecido, presidía la Fundación Milicias Universitarias (FUNDAMU) que, entre otras cosas, homenajeó al general franquista Adolfo Esteban Ascensión, tío, no se lo pierdan, de Alfonso Ussía. Por cierto que la página de FUNDAMU se puede visitar desde el INJUVE, dependiente del Ayuntamiento de Madrid. Para que se entienda, es como el padre de Merkel homenajeara a, no sé, Goebbles.

Aún hay más. El suegro del ministro de Justicia, José Utrera, fue Secretario General del Movimiento entre 1974 y 1975, y anteriormente ministro de vivienda en 1973. El subsecretario de Economía y Competitividad, Miguel Temboury Redondo, es nieto de Onésimo Redondo, el padre del presidente del congreso fue uno de los dirigentes del Sindicato Vertical, y un tío del presidente del senado murió en 1937 mientras era dirigente de la 1ª centuria de Álava. Adivinen, también de Falange. ¿Y se acuerdan de Carlos Dívar, el ex presidente del Consejo General del Poder Judicial? Colaborador de la revista Hermandad del Valle de los Caídos.

Hay más, pero creo que esta pequeña muestra sustenta las siguiente pregunta. ¿Qué legitimidad tienen los hijos y nietos de franquistas, falangistas o militares sublevados para desempeñar un cargo público en un régimen democrático? ¿Ocurre esto en alguna otra parte del mundo? ¿Cómo podemos hablar de transición si los descendientes de los que ejercieron el poder durante el franquismo siguen ostentándolo sobre los nietos de los que sufrieron la represión?

En otros países, se ha hecho un ejercicio de memoria para llevar ante los tribunales a los culpables desapariciones y torturas. En España nos negamos a abrir las fosas comunes donde yacen los huesos de nuestros antepasados, y a señalar a los culpables de, por ejemplo, la espantá de Málaga o la matanza de Badajoz. Tal vez por eso lo llamemos transición, porque hemos transitado de un régimen a otro. Sin mirar atrás. Sin revisar nuestros recuerdos.

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