Cuestión de Estado

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A menudo lo urgente no deja tiempo para lo importante. La urgencia de la lucha contra la privatización de la sanidad, la expulsión de los trabajadores del acceso a la educación superior, la falta de trabajo, y el recorte de las pensiones, por poner algunos ejemplos, absorbe nuestro tiempo y energía de tal manera que no resulta sencillo tomar las cosas con perspectiva. Si tomamos distancia y nos ponemos a observar, no será difícil llegar a la conclusión de que lo que está haciendo el gobierno del Partido Popular es un desmantelamiento del Estado tal y como lo concebíamos.

Soy consciente de que es una simplificación, pero como Estado Redistributivo entendemos la institución que recoge parte de la riqueza de una sociedad y la redistribuye entre sus miembros de tal manera que las diferencias económicas y sociales queden, en mayor o menor medida, paliadas. Para la recaudación de esa riqueza se utilizan los impuestos. Para la redistribución de la riqueza, se utilizan los servicios públicos. La idea es sencilla. Pagamos impuestos para no tener que pagar el médico, el hospital, las carreteras, el colegio, el alumbrado público, los bomberos o la policía. ¿Cuál es el problema? Que en un Estado Redistributivo, es que más tiene es el que más aporta. Y en esas estamos.

Sobre la extracción social de los altos cargos del partido del gobierno y del principal partido de la oposición, hay pocas dudas. Si aún así las tienen, les invito a informarse de las biografías familiares de los ministros actuales y pasados de este país. Lo mismo se llevan una sorpresa. En su momento lo hice, y si les da pereza con el calor ponerse a bucear en internet, créanme si les digo que pertenecen precisamente a la clase que debería aportar más al bienestar común. Y, obviamente, no quieren. Dentro del modelo de estado liberal que proponen, cuentan con los recursos suficientes para procurarse los servicios que necesitan. Tal vez por eso durante años han estado echando pestes acerca de los impuestos, en lugar de hacerlo sobre la falta de equidad de un sistema fiscal que permite que grandes corporaciones y empresarios paguen menos impuestos que sus asalariados.

Bajo mi punto de vista, en la reivindicación de ese modelo de Estado, el que se preocupa de difuminar las diferencias de clase, se sitúa la izquierda. Y la explicación del mismo debe ser una obligación de sus líderes, ya sean líderes políticos o sindicales, referentes intelectuales o sencillamente cabezas visibles. Porque tengo la sensación de que, a pesar de la enorme cantidad de ruido que en este momento hay en este país, debemos parar a considerar en qué tipo de Estado queremos vivir y bajo qué tipo de relaciones económicas nos queremos relacionar, para poder enfocar el problema y tener, al menos, un lugar al que dirigirnos.

Puedo entender que los privilegiados sean reacios a la solidaridad, pero tengo serios problemas a la hora de comprender que las víctimas de su sistema colaboren con ellos.

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