Cerebros en fuga

Cerebros en fuga

Eduardo tiene 39 años. Es músico. Un músico de talento. En los 90, bajo el nombre de ‘Soleil’, publicó ‘Enfants hyperactives americaines’, un disco que, según la revista mondo sonoro es uno de los más influyentes de la música electrónica española de esa década. A medidados de año, Eduardo ha fijado su residencia en un emirato árabe, cansado de las dificultades que se ha ido encontrando en España para desarrollar su carrera musical.
Arantxa también anda en la treintena. Durante años desarrolló su carrera como restauradora de obras de arte para un organismo de la Comunidad Valenciana. Paulatinamente les fueron recortando el presupuesto, hasta que finalmente se vió obligada a dejar el trabajo. Poco después recibió una oferta de un museo orientalista en Doha, Qatar, donde parecen valorar más sus cualidades.
Silvia es bióloga. Después de licenciarse, consiguió encadenar algunas becas para obtener un doctorado. Publicó artículos en revistas especializadas y acudió a varios congresos europeos. Sin embargo, para poder encontrar trabajo, tuvo que omitir este detalle, ya que era rechazada sistemáticamente en las entrevistas de trabajo debido a su ‘exceso’ de formación. Consiguió un contrato de técnico de laboratorio en la Fundación Jiménez-Díaz. Hace unos meses retiraron la financiación de la línea de investigación. Le han sugerido que se haga autónoma. Recientemente le han ofrecido la posibilidad de trabajar como profesora en una universidad colombiana.
Según cifras publicadas por el INE cerca de 400.000 personas abandonaron nuestro país con rumbo al extranjero el año pasado. La mayoría jóvenes en busca de expectativas que, con cerca de un 52% de paro en su franja de edad, no se les ofrecen aquí. A los liberales esto no les preocupa, porque ellos sólo entienden del aquí y del ahora, y en términos económicos. Al preocuparse exclusivamente por el beneficio inmediato, no son capaces de ver a largo plazo. Ni siquiera a medio.A pesar de ello, la realidad es cabezona. Por más que se empeñen en la falacia, lo cierto es que una multitud de jóvenes cualificados están haciendo las maletas para desarrollar una carrera profesional en otras partes del mundo. O lo que es lo mismo, después de haber formado a sus ciudadanos, la falta de oportunidades del Estado liberal hace que estos abandonen el país justo en el momento en el que deberían comenzar a aportar precisamente en el mantenimiento de este Estado. Visto así, no parece un gran negocio. No olviden, sin embargo, que hablamos de liberales, para los que el beneficio es lo único que cuenta. Mucho y pronto. Mañana, Dios dirá.
Tal vez por eso, mientras dejamos escapar a jóvenes brillantes camino de la generación de riqueza en el extranjero, algunos se erigen en los salvadores de la economía presentando su alternativa: Eurovegas. O lo que viene a ser lo mismo, cambiamos un doctor en Biología Molecular por un croupier, una profesora de Historia del Arte por una camarera. Y no faltan aquellos a los que la urgencia de la comida diaria les nubla la vista. En su día, las mismas mentes preclaras que proponen salir de la crisis a golpe de ruleta y leyes a medida, fueron los mismos que se dedicaron a construir en cada rincón del país, empujando a miles de jóvenes a abandonar los estudios para ganar mucho dinero y con bastante rapidez. No les importaron las tasas vergonzantes de abandono escolar. Hoy, cuando la culpa es siempre de los otros, se encuentran los liberales con que más de la mitad de los jóvenes menores de 30 años están en paro. ¿Cuántos de ellos terminaron la ESO? Para acabar el trabajo, hoy expulsan a los que sí consiguieron terminarla, vaciando el país de mano de obra cualificada.
Sin embargo, que no cunda el pánico. Los empresaurios de la CEOE tienen la solución. Recientemente han propuesto acabar con los salarios fijos, vinculando estos a algo tan etéreo como la productividad. Nuestros brillantes empresaurios sólo tienen una idea, la misma desde hace un millón de años: para ganar más, se abaratan costes. A ser posible en los salarios, que es lo que más caro les cuesta. Tampoco se paran a pensar quién va a comprar sus productos, cuando los trabajadores no puedan hacerlo.
Entre tanto, Edu y Arantxa han cogido a su hijo y ya se encuentran prestando sus servicios en Qatar. No les va mal. Silvia se lo está pensando. Algunos dicen que esto se denomina fuga de cerebros, pero humildemente creo que los cerebros que se fugaron hace tiempo son los de los liberales. Y fueron sustituidos por cajas registradoras, sin memoria ni futuro.

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